viernes, 26 de noviembre de 2010

Nico



Las manos en los
bolsillos
y los hombros
encogidos
aunque
los huesos sean
grandes.

El mundo
está lleno de
humor
non sequitur
y de razones para
militar
en el
minimalismo.

Aunque
Jimi Hendrix
se enoje con
esos versos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Recordando: Therion en Montevideo



"Los muchachos" de Therion, metal y dramatismo sobre el escenario.


Hay circunstancias que nada tienen que ver con la música, pero hacen que uno tenga más simpatía y familiaridad con ciertas propuestos musicales o no. Había en un foro en el que todavía participo un tipo bastante arrogante y problemático que se hacía Deggial, en honor al disco de Therion, por supuesto el susodicho era fanático de esta banda. Para colmo le había roto el corazón a una buena amiga y ella estaba al borde de un colapso psicológico bastante jodido. Todo esto conspiraba para que me interesara por Therion a pesar de que todas las referencias que me daban de ellos eran muy buenas. Varios años después una noche que me encontraba en el Ateneo Hebert Nieto, escuché un disco que me pareció excelente, pregunté que estábamos oyendo y me respondieron que Therion. Averigüé que se trataba del disco “Vovin” y lo bajé al poco tiempo, hasta ahí llegó mi interés por ellos en aquel momento, aún guardaba mis resentimientos contra el tal Deggial.
Cada pareja que he tenido es un mundo nuevo en lo que respecta a filosofía de vida, obsesiones personales y gustos musicales. Mi novia es fanática de Therion, así que poco a poco a fui adentrándome en ellos. Son una banda muy interesante con una gran imaginación para componer y letras que recogen mitologías de varias partes del mundo. Fue mi novia quien me llamó emocionadísima para contarme que se Therion tocaría en Uruguay. Mi entusiasmo no fue tanto como cuando me enteré de que tocaría Lacrimosa, pero sin duda que era una cita con la buena música que no me iba a perder.
Para comenzar, quiero decir de que me llevé una muy grata sorpresa con Drama y Delirio, me parece que es la banda de metal gótico nacional con la que estaba soñando.
Si algo queda claro después de ver a Therion en vivo es la potencia que tiene esta banda, la música que hacen apoyada en el hecho de que tienen cuatro cantantes con formación lírica, hacen de esta banda, una versión metalera y moderna de la opera clásica. Vínculo que ellos mismos se han preocupado por cultivar, incluyendo piezas de compositores clásicos dentro de su repertorio. Instrumentalmente la banda resultó ser muy sólida, con solos excelentes y sabiendo manejar muy bien los momentos de intensidad y las calmas anteriores a las tormentas, además de un excelente punto de apoyo para que los cantantes hicieran de las suyas. Los cantantes estuvieron sublimes, entregando todo en el escenario y sabiendo dar sus pequeños toques de teatro que sin duda sumaban puntos al show. El único tema es que con cuatro cantantes en el escenario, la atención se divide entre cuatro y ninguno logra tener esa conexión tan especial con el público que han tenido y tienen los vocalistas de rock mas legendarios, de todas formas esa no es razón para que una banda cambie su tan singular propuesta musical.

lunes, 27 de septiembre de 2010

23 de Setiembre del 2010, el día L


Lacrimosa durante su concierto en Montevideo, foto cortesía de Gianfranco Giudici, alias "Vikingo"


Oí por primera vez sobre Lacrimosa, allá por 1999 en un mail que me escribió mi amiga, Calipso Covarrubias. Por aquellos tiempos, había que esperar un buen rato para que las páginas web revelaran sus fotos y un video de diez segundos demandaba una paciencia de media hora. Quizás fue al año siguiente que con la ayuda del Napster ¿se acuerdan del Napster?, pude descargar un par de canciones de ellos “Der erste tag” y “Alleine zu zweit”. Me pareció una banda muy buena e interesante, pero cada minuto que pasaba en internet se pagaba en la cuenta telefónica, además de que mis preferencias musicales estaban más marcadas por aquellos tiempos hacia Metallica y los Rolling Stones.
Tuvieron que pasar cuatro años más y entrar otra mujer en escena para que escuchara más de Lacrimosa. A pesar de que hace tiempo que ya no sé nada de Natalia, mantengo dos grandes deudas con ella que nunca podré pagarle. La primera es haber roto años de complejos, inseguridades y haberme enseñado que incluso alguien como yo puede tener una relación de pareja. Lo segundo es más circunstancial, pero fundamental para el tema que nos compete en estos momentos. Comentó una vez que iba a ir a la feria de Tristán Narvaja, entre otras cosas a ver a un conocido que vendía discos de metal difíciles de conseguir. Me preguntó si estaba buscando algo en particular, le respondí “-No sé, algo de Lacrimosa.” Se me apareció luego con el “Elodia”,” -Es un regalo”, aclaró.
No lo sabía en aquellos momentos, “Elodia” es la obra maestra de Lacrimosa y en mi opinión uno de los discos fundamentales de la historia del rock, algo así como el “Sgt Pepper”, “Abbey Road”, el “Nevermind” de Nirvana , el disco Negro de Metallica o el Led Zeppelin IV, aunque no tan difundido como estos otros. Lo escuché una y otra vez, con el tiempo se volvió una de mis obsesiones secretas y supe que algún día, costara lo que costara, vería a Lacrimosa en concierto.
Algún tiempo después me regalaron un disco para navidad o mi cumpleaños, no recuerdo si el disco ya lo tenía o era de una banda que no me gustaba, así que decidí cambiarlo. Ocurrió el milagro, en el local de “Todo Música” estaba el “Stille” decidí aprovechar esta oportunidad única y me lo llevé a casa. “Stille” es un muy buen disco, con momentos sublimes como “Der erste tag” “Not every pain hurts” o “Mutatio spirituos” pero no llega a ese grado de perfecta unidad artística que tiene “Elodia”, ya lo he dicho, existen contados discos que puedan compararse con “Elodia”. El resto de sus discos, los fui consiguiendo de a poco, “Lightgestalt” me lo mandó una amiga argentina por correo. “Fassade” me lo pasaron archivo por archivo mientras chateaba en el MSN.
Mientras tanto me iba enterando que Lacrimosa es un dúo formado por el alemán Tilo Wolff y la finesa Anne Nurmi, que editan su disco a través de su propia discográfica artesanal llamada “Hall of sermon”. Poco más se sabe sobre ellos, salvo que actualmente viven en Suiza y los rumores de que son pareja. También aumentaba mi convencimiento de que algún día iría a verlos. Los escenarios posibles eran dos, o ir llegado el momento a Buenos Aires, destino obligado de quienes gustamos del buen rock, aunque el buen rock crea que Montevideo es poca cosa para dar un concierto. O en un futuro impreciso y con más dinero quizás pudiera verlos en algún lugar de Europa, acompañado de mi amiga Cripta de Cristal. Hace un par de años, me agarré una de las mayores broncas de mi vida cuando me enteré que tocaban en Buenos Aires un día antes del concierto, más allá de que tuviera el dinero o no, ya resultaba imposible hacer todos los arreglos correspondientes.
Pero la vida da a veces mejores oportunidades de las que perdemos. Así de la mano de mi novia, me fui enterando primero de que un contacto de facebook de ella, estaba sondeando la posibilidad de traer a Lacrimosa a Montevideo, luego de que este mismo contacto confirmaba que efectivamente, sus majestades góticas tocarían en nuestra ciudad. Como si fuera poco, un trabajo que tuve durante unos meses me permitió hacerme del dinero suficiente para las entradas. La cita era el 23 de Setiembre en La Trastienda. Literalmente hablando, conté los días que faltaban.
Antes de entrar en lo que fue el desempeño de Lacrimosa, quisiera hacer un par de comentarios sobre los teloneros. Rrrrrr, no me gustó mucho, musicalmente estaba bien lo que hacían, pero hubo algo en la forma en la que se paraban en el escenario que no me terminó de cerrar. Fixion en cambio me dejó una muy buena impresión, es cierto que tienen que trabajar algunas cosas, pero en mi humilde opinión tienen todo lo necesario para volverse en los próximos años, una de las grandes bandas del rock uruguayo.
Visto que Lacrimosa es un dúo y el peculiar sonido que tienen, una gran incógnita para mi era la forma en que iban a salir al escenario. Desconozco como lo han hecho otras veces, pero en esta gira, optaron por conformar una agrupación de rock clásica con músicos contratados, bateria, bajo y dos guitarras, mientras el integrante del dúo que llevaba la principal parte vocal de la canción cantaba desde el centro del escenario, el otro lo acompañaba con los teclados y le hacía los coros. Esta formación tuvo el inconveniente de que volvía impracticable tocar los temas orquestados donde lo instrumental lleva la mayor parte, que suelen ser mis favoritos pero por otro lado ayudaba con los más movidos ideal para trasmitir la energía necesaria en un concierto. En ese sentido, superaron ampliamente mis expectativas, por alguna razón me imaginaba a Lacrimosa una banda más bien gélida en el escenario y nada más lejos de la realidad.
Anne Nurmi estuvo totalmente seductora, encargándose la mayor parte del tiempo de los teclados, pero bailando de una forma bastante única e indescriptible cuando le tocaba ser la principal cantante. Su forma de vestir fue también una reivindicación por el rol de la cantante,cuando creíamos que toda mujer que cante estaba obligada a mostrar abundante cantidad de carne sobre el escenario, Anne parecía un versión gótica de las princesas Disney, su vestido plateado apenás revelaba un escote, pero más llamaba la atención el arreglo que se había hecho en el pelo. “-You're beatifull” Le gritó alguien del público y ella apenás hizo una reverencia con esa gracia sobrehumana que tiene.
Tilo Wolff más que el genio torturado que supuse que era, demostró ser alguien que disfruta enormemente del hecho de hacer música y capaz de emocionarse hasta la médula, cuando el público de este lugar recóndito coreaba como podía los temas en alemán. Su carisma en el escenario, es irrepetible, no necesita de grandes artilugios escenográficos, le bastaba con sus modales de dandy decimonónico y la confianza de ser (creo que en el fondo sabe que lo es) uno de los mejores músicos del mundo.
Con su música nos fueron envolviendo a todos, llevándonos hacia una gama de sensaciones desconocidas, “el poder de la música” adquirió un significado mucho más profundo. Dos veces dieron por terminado el concierto y dos veces pedimos por un bis, no queríamos que la música terminara. Al salir del concierto me quedaba mirando extrañando a la gente en la calle, no podía entender como podían haber sido ajenos de algo tan trascendente y continuar sus vidas como si nada.

lunes, 23 de agosto de 2010

Detrás de "El Código da Vinci"


Tom Hanks interpretando a Robert Langdon, si el libro fue un best seller masivo, Hollywood no teme en gastar millones en la adaptación cinematográfica, después de todo el éxito está asegurado.

Advertencia: Si usted, estimado lector, llegó a este artículo de blog en búsqueda de detalles sobre la vida secreta de Jesucristo o significados esotéricos detrás de la obra pictórica de Leonardo Da Vinci, probablemente queden decepcionandos. Hecha esta aclaración, puedo seguir adelante.

La pregunta me vino a la mente mientras preparaba una clase de literatura inglesa sobre “Drácula” y “Sherlok Holmes”, una de mis ideas que alentaba mi enfoque era que una obra de ficción que tiene tanto éxito, algo debe decir de la sociedad que la produce y la consume. La asociación fue instantánea. ¿Qué pasa entonces con “El Código da Vinci”? Esta es un poco la pregunta que voy a tratar de responder.

Lo primero a notar de esta novela es su ritmo frenético, pautado en buena parte porque el protagonista Robert Langdon debe resolver el asesinato antes de que la policía lo agarra a él ya que es el principal sospechoso del crimen en cuestión. La historia es un acelerado descubrimiento sobre la supuesta verdad de uno de los pilares de la civilización occidental y un iniciación en uno de los más exclusivos secretos en un improbable lapso menor a 24 horas. Este planteo que no da lugar a las pausas, se contrapone con la novela policial más clásica, donde el protagonista va a disponer de algún momento donde sentarse tranquilamente a recapitular todos los aspectos del caso y reflexionar sobre el mismo. La necesaria pausa para reflexionar o para despejar la mente, es un lujo cuando no visto como signo de pereza en un mundo donde si bien no es la policía como tal quien nos pisa los talones, tenemos plazos impuestos por nuestros superiores y la constante amenaza de que alguien capaz de hacerlo más rápido se quedará con nuestro trabajo. Dentro de la ficción que constituye esta novela, los hechos y elementos necesarios para dicha investigación se dan de tal forma que resulte posible resolver el asesinato y el misterio histórico en unas pocas horas, pero en la vida real, muy rara vez las cosas se pueden resolver tan rápidamente. Esta obsesión por la rapidez es una de las características de la sociedad actual y tiene consecuencias en nuestra forma de vida más allá de lo que sería pertinente reflexionar en este artículo.

El segundo punto interesante que me llama la atención de “El Código Da Vinci” son la sociedades secretas, lo cual parece ser una de las obsesiones literarias de Dan Brown, o al menos un ingrediente que considera necesario para obtener ventas multimillonarias. Según Dan Brown, la historia de la humanidad no es escrita por grandes hombres públicos como reyes y líderes políticos o sistemas económicos de producción, sino por sociedades secretas que mueven los hilos de los acontecimientos desde las sombras. No creo que la historia pueda resumirse como la historia de pequeñas cúpulas secretas que operan tras bastidores, pero si pensamos en los últimos ciento cincuenta años no se estaría tan errado, si cambiamos sociedades secretas, por sociedades anónimas. Las decisiones de las grandes corporaciones, tomadas en la mayoría de los casos, por gente que no conocemos su nombre, su cara y que tampoco hemos votado, afectan nuestras vidas de formas más dramática de lo que lo hacen las decisiones políticas. Basta por ejemplo ver “Roger & Me” de Michael Moore para tener una idea de esto. El secreto que da lugar a estas sociedades secretas ficticias o ficcionalizadas tiene un importante valor simbólico. En una economía del conocimiento donde saber es poder, conocer un importante secreto es como tener una buena cuenta bancaria acumulando intereses para el día que decidamos jubilarnos. También es el secreto, o debería decir el anonimato, él que permite disfrutar del poder sin las consecuencias que éste trae. Desde la sombras no hay que preocuparse de no ser reelecto o de tener una mala imagen pública. Finalmente el secreto, es la línea divisoria que separa el adentro del afuera, los propietarios de los empleados, quienes viven de rentas y quienes deben sobrevivir con un sueldo.

Dan Brown no parece mostrarse crítico con este orden exclusivista, sino todo lo contrario. Al inicio de “El Código Da Vinci” Robert Lagndon es un respetado profesor universitario, que debe tener un buen pasar como lo tienen los profesores universitarios en el primer mundo, pero profesor a fin de cuentas. En el transcurso de las escasas horas en las que se desarrolla la novela, entra en contacto con una poderosa organización a la que salva de ser destruida, accede a su secreto fundacional (bueno, en realidad ya sabía una parte), todo indica de que va a quedar fuertemente vinculada a él, además de quedar las puertas abiertas para un posible romance con uno de los miembros más importantes de esta sociedad. Es como sí un profesor de programación de la Facultad de Ingeniera, en el transcurso de una loquisíma noche, se volviera CEO de Microsoft y se en noviara con la hija de Bill Gates.

Aún más, sobre el final del libro, descubrimos que las intenciones del villano consisten en hacer público el secreto, lo que siguiendo con la lógica de mi interpretación implicaría socializar de cierta manera el poder económico. Lagndon le responde que el mundo no está listo para conocer ese secreto y el combate pasa a un plano más físico, donde se termina imponiendo el parecer del protagonista. El argumento de Lagndon, fue rebatido más de doscientos años atrás por el filósofo alemán Immanuel Kant. Antes las diversas opiniones que frecuentaban por aquella época dicíendo que la idea de democracia era excelente pero que lamentablemente el pueblo aún no estaba preparado para gobernarse a sí mismo, Kant respondió que el pueblo nunca iba a estar preparado para gobernarse a sí mismo, a menos que consiguiera el poder y a los ponchazos fuese aprendiendo a gobernarse. La historia demostró que Kant tenía razón, o al menos así lo creo en mi humilde opinión.

El último punto que quizás sea la razón por la cual “El Código Da Vinci” pasó de ser uno de los tantos thriller que fabrica y consume la industria editorial norteamericana para volverse un best seller con escasos precedentes en las últimas décadas, se trata de la reinvención de la figura de Cristo. Jesucristo es un personaje delicado, como eje central del cristianismo es nos guste o no, uno de los principales pensadores de la civilización occidental, casi que se podría decir que es uno de sus padres fundadores. Pero el conocimiento que tenemos de su pensamiento es en el mejor de los casos de segunda mano, si aceptamos la improbable versión de que los evangelios fueron realmente escritos por San Marcos, San Mateo y San Juan Evangelista (según la tradición y los propios evangelios, San Lucas no conoció personalmente a Jesús).

Sin embargo las investigaciones históricas y filológicas indican que los evangelios son las enseñanzas de Cristo tomadas de por lo menos tercera o cuarta mano y en un proceso de teléfono descompuesto donde mucha gente metió la cuchara y no faltaron las manos maliciosas, lo que ha dado lugar a mucha especulación respecto a cual era el verdadero pensamiento de Jesucristo y que tan fieles son los evangelios a este pensamiento. Posiblemente durante los primeros dieciocho siglos de cristianismo no hubo mucho debate al respecto, los evangelios eran dados por buenos, punto, si alguno se le ocurría cuestionar eso, la inquisición se encargaba de hacer un lindo fogón con él. Pero a partir de 1700 y pico con la progresiva secularización de la cultura occidental y la idea de un concepto más demostrable sobre la verdad histórica, comenzaron a hacerse sentir voces disidentes cada vez con más fuerza. A su vez la cultura occidental fue apartándose cada vez más de muchos preceptos morales que tradicionalmente se los asocia con el cristianismo, como el orden patriarcal, la concepción de la sexualidad como pecado y una concepción del mundo que parte desde la fe y no desde el conocimiento científico.

Pese a todas estas discrepancias, entre la religión cristiana y el mundo occidental moderno, el cristianismo sigue siendo uno de los hitos fundantes y distintivos de la civilización occidental. Basta analizar la mayoría de las ideologías que aparecen en el espectro político moderno como el conservadurismo, liberalismo, socialismo y anarquismo, para ver que tienen genes de cristianismo en su ADN genético. Dan Brown, ensaya una conciliación entre Jesucristo y la moral occidental moderna, al casarlo con María Magdalena y hacerla su igual, le da una sexualidad que las iglesias tanto se han esforzado por negarle y le quita su presunto contenido machista para volverlo un mensaje en pro la igualdad de géneros. Incluso hace que Cristo sea padre de una hija, dejando un legado material y concreto, no sólo espiritual como es la tradición, el mundo moderno parece tener una enorme dificultad y aberración con lo abstracto y espiritual prefiriendo lo concreto. Pero el golpe de gracia final es cuando establece una especie de genealogía ideológica con Leonardo da Vinci (de ahí el título del libro). Da Vinci simboliza en cierta manera la ciencia y la tecnología, quedando de esta manera el cristianismo y el progreso técnico-científico reconciliados.

Cabe aclarar que lo escrito por Dan Brown es ficción y nada más que ficción, “El Código da Vinci” no debe ser tratado como algo más importante de lo que es, un thriller inteligentemente armado., el gran error de la Iglesia Católica fue darle semejante trascendencia. Tampoco esta ficción resiste un análisis histórico muy detallado, al revés que muchas historias de Borges o de Umberto Eco que son desde el punto de vista histórico, intachables. Entre varios errores, está el de afirmar que Constantino I hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano, mediante el Edicto de Milán, cuando este documento lo que promulgaba era la libertad de culto para los cristianos, que el cristianismo corriera a partir de Constantino con cierto caballo del comisario, es una cosa distinta. Con código da Vinci o sin él, a fin de cuentas lo que se sabe sobre el Jesucristo histórico es lo mismo; que en la primera mitad del Siglo I, vivió en Galilea y Judea un hombre llamado Yeshúa ben Yosef que se dedicó a predicar, hablaba arameo, seguramente también hebreo y probablemente tuviera algunos conocimientos de latín, a los treinta y algo de años fue crucificado, el resto se perdió en la historia o es una cuestión de fe, que escapa toda reflexión que intente ser medianamente objetiva y racional. Quizás ese sea el mayor mérito de Dan Brown, contarnos lo que se perdió de la historia de la forma que nos hubiese gustado que sucediera.

martes, 27 de julio de 2010

Contra la gillette



De todas las actividades humanas relacionadas con el cuidado del aspecto personal, la más frívola y efímera es afeitarse. Un corte de pelo masculino promedio, tarda más o menos un mes en perder su forma y de requerir otro, para tener las uñas razonablemente prolijas, basta con cortárselas cada semana o dos, aparentemente con una frecuencia similar se depilan las mujeres. Sin embargo a las pocas horas de afeitarse, ya surge nuevamente la sombra de la barba que renace. Sí los hombres fueramos tan obsesivos de la perfección estética como las mujeres, deberíamos afeitarnos varias veces al día, con la consiguiente consecuencia de tener nuestros rostros bajo una constante irritación cutánea.
La lucha que sostenemos los hombres por mantenernos libre de vello facial, se parece a las cruzadas morales de ciertos predicadores o los intentos de homogenización cultural que ha emprendido occidente en remotas regiones. Resignados a no poder alcanzar el objetivo, nos contentamos a mantener más o menos las apariencias y a pasarnos regularmente la gillette, sabiendo perfectamente que es afeitarse lo que hace la barba salga cada vez más tupida. No podemos eliminar la barba de nuestro rostro, tan sólo podemos aspirar a mantenerla dentro de ciertos margen que consideramos aceptable, haciendo la vista gorda a los pelitos que comienza a salir. Y sin embargo nuestra vanidad nos obliga a afeitarnos diaramente o cada par de días para de esta forma venderle al mundo que somos personas pulcras, civilizadas sin oscuras intenciones que ocultar tras su tupidas barbas.
Pese a que la cultura mainstream y sus postulados me resultan cada día más insulsa y autocomplaciente, me afeito tres veces por semana con una rigurosidad religiosa. Es que me gusta como me veo, además, afeitado rejuvenezco un par de añitos. También eso, somos una sociedad obsesionada con la juventud.

sábado, 10 de julio de 2010

La grandeza de Saramago



No quiero tirármela de intelectualoide ni darme de dique de algo que no soy, pero para mis 26 años he leído bastante. Por supuesto, que me quedan muchas obras fundamentales por leer y también he desperdiciado tiempo, por así decirlo, leyendo mucha cosa más bien triviales o que por lo menos no es lo que se espera que lea un estudiante de letras y aspirante a escritor. Sin embargo son pocos los libros que me han marcado a fuego y menos aún, aquellos pasajes que lograron conmoverme hasta la médula, uno de ellos pertenece al “Evangelio según Jesucristo” de José Saramago. Mis escasos pero leales lectores, sabrán disculpar las distorsiones, hace años ya que lo leí y en este momento lo tengo prestado, por lo que no puedo corroborarlo del texto en estos momentos.
Jesús lleva varios días vagando por el desierto, tiene los pies llenos de llagas y la garganta le arde de sed. Lentamente, con el dolor que le implica dar cada paso se va acercando al pueblo de Madgalá. Ya casi sin fuerzas toca en la puerta de una casa en las afueras, la casa de alguien que debe permanecer aislado. Una mujer responde, no recuerdo si media alguna palabra entre ellos, si lo hace pasar o si le llega a dar algo para que beba. Lo que sí es seguro es que más temprano que tarde, se abalanzan el uno sobre el otro, enredan sus cuerpos con furia y ya no se separarán más hasta que llegue la hora de la crucifixión.
La escena no tiene nada que ver con oscuros secretos templarios, búsquedas glamorosas del Santo Grial ni siniestras conspiraciones eclesiásticas para mantener oculta la verdad sobre Jesucristo, sino con algo mucho más sencillo y a la vez más importante, el amor y lo que esto significa. ¿Cómo puede alguien hablar predicar el amor como camino y como divinidad sino ha amado? ¿Puede alguien decir “amense los unos a los otros” sin haber sentido ese amor que te presiona el pecho? Me refiero al amor con mayúsculas, al que por momentos duele, por más que se tenga al ser amado en frente porque hay un límite físico de lo unidas que pueden estar dos personas?
Tampoco busca la blasfemía, escandalizar de la forma más baja posible para acrecentar las ventas o hacer pornografía, sino cuestionar, proponer una visión distinta del cristianismo, de uno de los cimientos sobre los que se basa la civilización occidental. Un cristiano muy fanatizado podrá tomarlo de blasfemo, pero cualquier cura con dos dedos de frente, puede ver que trata a la figura de Jesús con respeto, aunque no sea exactamente el Cristo en el que ellos creen.
Si hubiera escrito solamente ese pasaje, ya merecería un destacado lugar en la historia de la literatura, no sólo por todo lo que esta escena cuestiona y sugiere, sino por su capacidad de hacer música con el lenguaje y de meter al lector en esa piel flagelada por el sol y la arena que acaba de encontrar el consuelo de los besos. Pero el hombre escribió muchas novelas, algunas excelentes, otras tan sólo muy buenas. Por el momento he leído tan sólo dos además de “El evangelio según Jesucristo”, “Levantado del suelo” la novela que lo hizo famoso, que podría resumirse burdamente como una versión portuguesa de “Cien años de soledad” que nada tiene que envidiarle a la novela de García Márquez y “El año de la muerte de Ricardo Reis” a mi gusto un poco más floja que las otras dos, pero sin duda un hermoso libro. Tengo en el debe el resto de su novelas, en especial siempre me han dado curiosidad “Ensayo sobre la ceguera”, “Ensayo sobre la lucidez”, “El hombre duplicado” y “Caín”.
Saramago, tenía mucho en común con Mario Benedetti y Eduardo Galeano, en el sentido de que era un intelectual de izquierda, (el se definía como un comunista hormonal) comprometido como persona y en su literatura en la búsqueda de un mundo mejor. Sin embargo su posición política estaba de lejos de caer dentro de facilismos o de justificar cualquier cosa que hicieran los comunistas. Si mal no recuerdo, fue en 2003 que visitó por última vez Uruguay, por aquel entonces estaba en el tapete una serie de ejecuciones del gobierno cubano contra unos dicedentes políticos. En una conferencia que dio en el Paraninfo de la Universidad, se le preguntó al respecto. El respondió algo así como “Al gobierno de Cuba lo considero un amigo y cuando un amigo se equivoca, uno está en la obligación moral de decírselo.”
Pero por más que nos duela a nuestro corazoncito uruguayo, hay una gran diferencia entre el portugués y nuestros dos compatriotas, su talento literario era ampliamente superior y las ideas que manejaba en sus textos son mucho más complejas y provocadoras. Aquellos que formaron un grupo de facebook para que le dieran el Nóbel a Benedetti (ignorando quizás, que un Nóbel no puede ser dado postumamente) deberían leer a Saramago y ver el nivel literario de un Premio Nóbel justamente otorgado.
José de Souza de Saramago, nos abandonó hace menos de un mes, el 18 de Junio para ser exactos, sin embargo nos dejó una treintena de hermosos libros, libros para emocionarnos, para reflexionar, para gozarlos. Bastante más de lo que la mayoría de los mortales dejaremos en nuestro paso por el mundo.

domingo, 21 de marzo de 2010

Botija, yo estuve ahí, cuando los Guns and Roses tocaron en Montevideo



Los Guns and Roses a mediados de los ochenta, cuando supieron ser la banda de rock más famosa del mundo.



Los Guns and Roses, más o menos ahora, cuando tocaron en Montevideo. En realidad es imposible decirlo con certeza, cambian algún miembro cada dos meses.

El estadio no estaba repleto, digamos que estaba ocupado en tres cuatro o un ochenta por ciento, lo que también es una buena metáfora de la intensidad, la magia y el espíritu que dejaron sobre el escenario. Por supuesto que tres cuartos de la energía de los Guns and Roses es mucho más de lo que muchas bandas pueden llegar a dar.
Personalmente tenía varias razones para ir, la primera y fundamental es que es una banda que me gusta y mucho, En segundo lugar pocas leyendas del rock internacional han venido a Uruguay, que yo recuerde se limitan a Bob Dylan, Eric Clapton, Jeff Beck y Deep Purple, contar a Mick Jagger y a James Hetfield que llegaron con el único fin de disfrutar de nuestras playas es hacer trampa. Mi política es que cuando semejantes instituciones del rock llegan al país es ir a verlos en concierto, siempre y cuando San Bolsillo Martir lo permita. Finalmente podría ser visto como un acto de resistencia, en el panorama musical uruguayo los rockeros nos encontramos asediados por dos frentes, por un lado toda la movida tropical y por el otro la temible mafia del Cabo Polonio con la que debemos tranzar más de lo que quisiéramos por nuestra propia supervivencia. Un concierto de escala tan masiva puede ser visto como una forma de decir “el rock vive y lucha.”
En cambio la nostalgia no fue parte del combo, cuando los Guns and Roses estaban de moda, cursaba los primeros años de la escuela y mis horizontes musicales no iban más allá de la música de Jugate conmigo” y los casettes de Horacio y Gabriela. Recuerdo a Javier Brum, un amiguito de por aquel entonces que era fanático de los Guns, incluso tenía una camiseta con la cara de Axl Rose. Prácticamente no he sabido nada de él en los últimos doce años, pero por lo que tengo entendido, Oasis es el rock más pesado que toleran sus oídos. Comencé a escuchar a los Guns ya entrada la adolescencia, un poco por medio de amigos con hermanos mayores que si habían vivido sus años mozos durante la edad dorada de las huestes de Axl y otro tanto gracias al pequeño revival que tuvieron con la publicación del disco “Live Era 87-93” allá por 1999.
Yendo al tema del concierto propiamente dicho, el primer elogio de la noche se lo lleva Sebastian Bach. La verdad que meritorio lo suyo, logró comprarse a una audiencia que en un primer momento lo veía como una molestia a tolerar antes de ver a los Guns and Roses. Es cierto que el músico canadiense (quien aparentemente es una leyenda del rock norteamericano), fue un Don Juan sin escrúpulos que le juró amor eterno al público uruguayo, aún sabiendo que le será infiel con la próxima escala de la gira. Mientras que quienes nos encontrábamos esa noche en el Centenario, nos comportamos como una quinceañera ilusa dispuesta a creerse todas aquellas mentiras, pero el rock tiene mucho de revolcones de una noche y más bien escasea en matrimonios que duran toda la vida.
La actuación de los Guns and Roses, fue como dije anteriormente a tres cuartos de maquina, pero no dejaron de ser los Guns and Roses. Y si bien es cierto que que de los miembros originales solo quedan Axl y Dizzy Reed, los nuevos músicos tocan muy bien, en especial el guitarrista DJ Ashba que sale muy airoso del reto que significa estar en el lugar de Slash, sólo en algunos momentos del solo de “Sweet child o'mine” y en la introducción de “You could be mine”se notó de que no se trataba del legendario violero.
Algunos amigos decidieron no ir porque entienden que no vale la pena gastar dinero para ir a ver a una banda en decadencia. Mi forma de ver las cosas es distinta, la decadencia de una banda se da más que nada a nivel creativo en la capacidad de interpretar música. Por lo tanto una conjunto de rock que viene en cuesta abajo, aún puede tocar sus viejos éxitos tal y como lo hacia antes. En ese sentido podría decir que por momentos era posible cerrar los ojos e imaginar que se estaba en en un concierto del “Use Your Illusion Tour” cuando parecía que iban a volverse los dueños del mundo. Respecto a los temas nuevos me parecieron que estaban buenos, al menos de primera oída en un concierto en vivo. Lo que si falló fue la voz de Axl Rose, que en varios momentos costaba oírlo, no sé si era problema de ecualización, la distancia en la que estaba o su voz, el tema que para mi disfrute del concierto fue un punto en contra.
En una brevisíma reseña del concierto que subió mi amigo Jorge Alfonso al facebook interpreta el hecho de que Axl Rose haya mostrado un par de veces la banda uruguaya en el concierto como una demagogia. Eso lo tomé más bien como parte del protocolo rockero (si es que algo puede caber), de la misma manera que cuando un jefe de estado extranjero llega al país, se reúne con el Presidente y le rinde homenaje a Artigas depositando un arreglo floral en la estatua de la Plaza Independencia. Un rocker de gira, muestra en escenario la bandera del país donde se encuentra. Si me pareció demagogia en el caso de Sebastian Bach, porque no pasaban más de tres canciones sin que agarrara la bandera uruguaya.
Por mi parte no me gustó la actitud de los Guns de retrasar el concierto dos horas y media, dando comienzo a eso de la 1:20 y terminando a las cuatro y pico, un jueves a la noche. Entiendo que la estrella de rock es un espécimen esencialmente nocturno, que nunca se levanta más temprano del mediodía, pero la mayoría de quienes fuimos a ver el concierto, somo o estudiantes o laburantes que tenemos que levantarnos temprano al día siguiente y una banda se debe a su publico. No sé, quizás sea demasiado pedir que una banda de rock de los Estados Unidos, tengo un poco de comprención hacia los trabajadores uruguayos.
Finalmente me quedé con las ganas de verlos tocar “Civil War”, “Dust n' bones” “You're crazy” y “Move to the city” pero bueno, eso tiene que ver más con mis gustos personales.